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Lois Pereiro (Monforte de Lemos, 1958 - L Coruña, 1996).
Poeta de culto, representante de la eclosiòn creativa de los 80 y la contracultura.
"Cero a la izquierda"
El corredor de fondo pierde el aliento
huyendo de una vida repleta de renuncias
de su liturgia obesa y oleosa,
mediocre en sus comunales fracasos,
lágrima de hielo, indignación contenida
no llegó a tiempo de ejercer
su rebelión,
ni de llevar a cabo
su venganza definitiva
contra un mundo injusto, homicida, y cruel,
por la inutilidad de su propia vida
solitario, enfermo y fatigado,
la muerte se anticipó y llegó antes.
Así le rezo yo a San Francisco
My Dear P.:
This is not a new and simple declaración of my love. Sería
absurdo, aburriría a Cristo, después de tantas otras en todos los
idiomas, de otros y otras en todos los lugares del mundo, pronunciadas
por muertos y por vivos.
Esto es muy diferente.
No puede ser ya una declaración manchada por el tiempo o el
espacio. Hemos sobrepasado la barrera de esa “duración” de que habla
Handke, porque en el fango de todas las nostalgias, visiones,
contaminación mutua, imágenes creadas y compartidas, sin ruido y sin
furia en que estamos metidos hasta el cuello, eso que otros llaman amor
no es suficiente: como una sentencia cumplida hace ya tiempo. Todo lo
que alguna vez fue nuestro no puede existir más que en nuestra sangre
que sigue su camino guiada por las venas de cada uno entremezcladas sólo
en el cerebro. No somos siameses, pero tú tienes mi alma y yo la tuya,
sin que sepamos nosotros cómo y cuándo. Y el mundo vive ahí fuera con
sus turbulencias sin afectar seriamente a las nuestras. Cruzadas las
barreras, superados los límites, olvidados los años, desde playas
desiertas de Bretaña, desde hoteles ambiguos, desde el silencio que no
necesita de más palabras que las que casi nunca se pronuncian, de
miradas que nunca significan algo distinto a la luz que las baña, en
imnumerables sueños cruzados, en el contacto leve que a veces queremos
permitirnos, el mundo sigue girando indignado con nuestra indiferencia.
Tu ausencia o tu presencia sólo altera mi vida o mis deseos pero
no podría interrumpir ni un sólo instante una conversación continua que
invade mi cerebro y forma mi memoria, aunque esa ausencia llegase a ser
eterna.
Lo
que fuimos o lo que somos va camino de ser intenso y duro, indefinible
pero sin duda eterno, que es lo que dura la vida de un hombre que no se
resigna aunque la muerte lo espere.
La verdadera duración del Tiempo es algo que un simple amor no
puede concebir entre sus márgenes, no es capaz de acoger en sus entrañas
tanta imagen vivida, tan pocas palabras para decir tanto, ritos y
gritos sin alzar la voz como los que tú y yo llegamos a crear, juntos o
separados, da lo mismo.
Este será el poema prometido en el lecho de mi resurrección o
pacto con el diablo, ¿quién lo sabe? Pero no sería el último aunque las
manos se me volviesen ramas secas o el cerebro una ciénaga. No habrá
final hasta que el mundo se disperse y con sus restos nuestros comunes
restos del naufragio, de un espacio cósmico que ya será siempre nuestra
común y ardiente pesadilla.
“Aniquilar el dolor aniquilando el deseo”, dijo Buda.
Un buen consejo que llega un poco tarde
porque soy ya un experto en ambas cosas
y prefiero sufrir, callar y hundirme
los dedos en la herida antes de olvidar el más mínimo
instante de mi deseo por ti.
Ya
ves, nunca seré budista. Demasiado tiempo entre dos vidas y no quiero
perderte entre transmigraciones y, entre ellas, mi dolor y mi fracaso.
Podría también ser yo el que representase tu papel, o tú el mío, o
el mismo en una película distinta, o uno secundario en un viejo
‘thriller’ en blanco y negro.
Pero encontraría siempre la manera de no salir de tu alma, de
entrar en ti a oscuras del modo más sutil o violento, y también de
apartarme elegantemente, ya lo sabes ¿Cómo no vas a saberlo precisamente
tú, que me diste el aliento y fuimos uno sin buscar
nunca en los peores momentos la solución para evadirnos de un amor atroz
y destructivo? Y también sabes hasta donde podía llegar mi
desesperación al creerte perdida, y nunca necesitarás preguntarme en
serio si te amo. Sólo podemos recrear diálogos, decirme: “Miénteme, dime
que me amas”, porque a ti ya no podría mentirte ni lo haría ya si
tuviese que hacerlo.
Te vi una vez y te sigo mirando cuando no me ves, y creo que si
algo me hizo amarte fue tu capacidad para saber siempre dónde poner los
ojos, y sigo enamorado de tu infinita gama de miradas.
“Do you love me?”, said the man. And she looked at him, but her
eyes were fixed on the wall beyond her lover, looking the wide and open
map of the world behind his head.
Esa eres tú, y así sigo adorándote.
A Coruña, 8-3-95
Para P. de Lois
Lois Pereiro
Nota: Propiedad de Piedad R. Cabo. Impublicable e irreproducible,
a menos que el beneficio que ello le reporte le sirva para comer un
sadndwich en Chinatown.
Tristemente
Tristemente convivo con tu ausencia
sobrevivo a la distancia que nos niega
mientras bordeo la frontera entre dos mundos
sin decidir cuál de ellos puede darme
la calma que me exijo para amarte
sin sufrir por tu indiferencia
mi retirada preventiva
de una batalla que ya sé perdida
resuelto a no entrar jamás en ti
pero no a la tortura de evitarte.
CURIOSIDAD
Saber que está uno para morir
y el cuerpo es un paisaje de batalla:
una carnicería en el cerebro.
¿Permitirías tú, amor desierto,
que en esta fiebre penitente abriera
la última puerta y la cerrase
detrás de mí, sonámbulo e impasible,
o pondrías el pie
entre ella y el destino?
23-12-12